Me niego a residir en formas que percibo distantes,
en las que no me encuentro,
a sentirme ajena de todo cuanto soy.
En la redonda ruta de esta vida que pasa
y me exige estirarme más allá de mis límites,
es tanto lo que quieren y esperan hoy de mí,
pero yo como el viento,
me daré en lo que soy.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Sacia la sed sin llevarte la fuente
A Laura Peña de la Cruz
y Omar Peña de la Cruz
Deja que viva el árbol,
refúgiate en su casa,
toma de su sombra.
Inclínate a beber el agua fresca
que corre por el río
y ocúpate de ser,
de dar algo de ti.
Elévate a la más alta montaña,
donde puedas ver lo que es tu interior.
Has tuyos los lugares, el temblor de tus labios y la risa.
Mas, cuando hayas tomado la frescura, la savia y la alegría
no te lleves la fuente.
y Omar Peña de la Cruz
Deja que viva el árbol,
refúgiate en su casa,
toma de su sombra.
Inclínate a beber el agua fresca
que corre por el río
y ocúpate de ser,
de dar algo de ti.
Elévate a la más alta montaña,
donde puedas ver lo que es tu interior.
Has tuyos los lugares, el temblor de tus labios y la risa.
Mas, cuando hayas tomado la frescura, la savia y la alegría
no te lleves la fuente.
Tócame
Un día contigo
deja un hueco ondeante
que deambula en mi alma.
Tócame con tu aliento
desvanéceme en tu piel
y así navegaré despacio entre tus poros.
Descenderé con mis labios
entre surcos por tu piel.
No sé escaparme de tus brazos,
no lo he aprendido.
deja un hueco ondeante
que deambula en mi alma.
Tócame con tu aliento
desvanéceme en tu piel
y así navegaré despacio entre tus poros.
Descenderé con mis labios
entre surcos por tu piel.
No sé escaparme de tus brazos,
no lo he aprendido.
Una mirada al río
El río se vistió de verde,
un verde oscuro manto
cubre su cuerpo detenido.
Ya no se ven las nubes sumergidas
ni la luna de agosto entre sus aguas.
El río se ha cubierto.
Verdes lilas esperan silenciosas, una voz,
una mano, una mirada amiga.
Acongojado espera con su verde dolor.
Verde misterio que ya no es luz de luna
girando en círculos plateados,
ni refugios de miradas que huyen angustiadas.
Dale una mano al río.
Ayúdalo a correr.
un verde oscuro manto
cubre su cuerpo detenido.
Ya no se ven las nubes sumergidas
ni la luna de agosto entre sus aguas.
El río se ha cubierto.
Verdes lilas esperan silenciosas, una voz,
una mano, una mirada amiga.
Acongojado espera con su verde dolor.
Verde misterio que ya no es luz de luna
girando en círculos plateados,
ni refugios de miradas que huyen angustiadas.
Dale una mano al río.
Ayúdalo a correr.
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